((( ♫ Algo que por siempre recordemos ♪ )))
Te veía. Estabas nostálgica y radiante al mismo tiempo... no podía creer que por fin estuviéramos juntos de nuevo, en el mismo lugar. Tus palabras me embriagaban y mis ojos se perdían en los tuyos mientras las horas pasaban fugaces, como las personas y los duendes que ocupaban los juegos de la plaza. En realidad a veces me olvidaba que había gente: todos se desvanecían en un viento multicolor y mi mundo se reducía al brillo de tu mirada. El sol de la tarde era una chispa insignificante comparado con la calidez que sentía cuando me mirabas, cuando me sonreías. En esos momentos, y sin darte cuenta, hacías que un fuego indomable devorara mi corazón, quemando todo rastro de miedo o recuerdos tristes.
Sin embargo las palabras no acudían a mí cuando las llamaba. Y yo maldecía a todos los dioses por eso. Te veía, estabas ahí... al lado mío, ¡y no podía decirte todo lo que sentía! Tan sólo quería abrazarte, tenía unas ganas feroces de abrazarte como nunca te hubieras imaginado... y ese sentimiento invadía todo mi cuerpo y me estremecía cada vez más.
Adivinaba en tu boca un dejo de cansancio que se reía de mis insinuaciones y universos hipotéticos pero tus ojos escondían algo de ternura que se resistía a morir, y era ESO lo que yo buscaba: una señal, una revancha del Destino, una esperanza de que todo podría suceder. Hablamos de la vida como dos viejos amigos que hace tiempo no se ven, y pronto se hizo de noche. Las canciones, la cercanía de tu cuerpo, tu aroma, tu dulce voz... todo formaba parte de un cóctel entrópico que desbordaba mi alma y me hacía creer que lo imposible no estaba tan lejos. Se me escapaba la vida en cada suspiro, y lamentaba profundamente el tiempo antes perdido. Pero me sentía capaz de regalarte todos mis días venideros con tal de tener una oportunidad, una chance de demostrarte todo lo que significabas para mí.
Se fue haciendo la hora, te acompañé un trecho y en esa esquina, ¡ay! en esa esquina... no puedo explicarte cómo se derritió mi corazón cuando tus labios soltaron un "te quiero mucho" profundamente cargado de ternura, mientras todo era oscuridad alrededor y tus ojitos brillaban como pequeñas estrellas contra el cielo. No supe qué decir, recuerdo haber dicho algo sin sentido. Y te dejé ir... cuando debería haberte abrazado y darte un beso que coronara semejante episodio irreal. Me sentía el más grande de todos los idiotas mientras tu silueta se iba haciendo cada vez más pequeña. Te veía... te ibas y no sabía si volvería a verte.
Hoy te veo. Y no puedo creer que por fin estemos juntos. Me sigo muriendo de amor cada vez que te miro a los ojos y una partecita de mi corazón todavía se apaga en cada despedida.
((( ♫ You are my shining star! ♫♫ )))

Jaja.Cierto,era medio cruel mi forma de hacerme la que no entendía nada,me daban ganas de sacudirte (!) y que hablaras jaja.Pero las palabras escritas son tu terreno... y la vida podría haber seguido así,pero son esas cosas mínimas las que provocan los Milagrös y a falta de voz,siempre hay tinta ♥.
ResponderEliminarSeguis siendo el más grande de todos los idiotas,y por supuesto el que más amo.Tonto! :( ♥ Ni te acordabas ¬¬ jumm♥