Hace frío. El
frío de Julio en la ciudad. Una ciudad que duerme acunada por el andar de los
autos sobre la calzada húmeda. Llueve y estamos juntos, como alguna vez soñamos.
Me acaricias.
Tus manos tibias en el silencio de la madrugada son mi canción de cuna.
Lejos
quedan las preguntas retóricas, los por qué que todos los días me agobian.
Lejos, también,
las dudas y sus maliciosas espadas cruzadas. Las pequeñas derrotas diarias
superadas por una victoria que se construye con cada momento que decidimos
estar juntos.
Odio amarte tanto y amo odiarte.
El ciclo es infinito.
