sábado, 18 de agosto de 2012

|Siempre|


Antes no lo creía del todo, pero ahora estoy convencido: la fuerza hidráulica más poderosa del mundo son las lágrimas de una mujer. ¿Cómo explicarte el torbellino de sentimientos que se agolpaba en mi interior mientras veía llover tu mirada? Bronca, tristeza, impotencia, compasión, amargura y ternura infinitas… una amalgama de emociones que estrujaba el corazón y se resumía en un solo deseo: abrazarte fuerte, abrazarte con cuerpo y alma. Que mis brazos fuesen tu refugio y mi pecho tu hogar eterno. Que nunca te fueras de mi regazo, que te quedaras a vivir en mi corazón hasta el fin de los días y más también.

Sos la musa más terrible, la criatura más hermosa… la niña más adorable, la mujer más valiente… la flor más frágil y la estrella más brillante que jamás haya visto en mi vida.

Quiero vivir para sanar tus heridas con un manantial de besos y verte sonreír como cuando sos feliz y sabés que el universo está a tu favor. Cuando te sentís vos misma, la auténtica vos. La que salta, corre, canta, vive y ama con la sencilla y maravillosa alegría de quien sabe que el sol también brilla de noche. Quiero que transmutemos juntos la tristeza y los recuerdos oscuros en música, abrazos y días llenos de luz. Quiero acompañarte en las victorias y en las derrotas, en la risa y en el llanto; y así permanecer a tu lado para reafirmarte una y mil veces que sos el milagro más lindo que me dio esta vida y que siempre, sí, siempre… te voy a amar.




I

En el cristal del tiempo y sus reflejos
mi corazón se quiebra en mil pedazos
y las esquirlas mutan en retazos
de cuadros viejos tras un vidrio sucio.

Son instantes, segundos como espejos
que duplican con miedo lo vivido
y, deformando lo que hemos construido,
atraen recuerdos de matices turbios.

¿Donde quedó aquella caricia tierna?
¿Donde está esa voz que creíste eterna?
Sus manos que danzaban sobre el lienzo

hoy no son sino garras invisibles
que te arrancan de este mundo sensible,
dejándote sólo un dolor inmenso.






II

Pero a esas garras se le oponen otras…
más inocentes aunque más salvajes,
que para nada exentas de coraje
luchan por devolverle tu alma al cuerpo.

A esta otra bestia nada más le importa
que hacerte feliz cueste lo que cueste,
que vuelvas a creer que el cielo es celeste;
que el Amor revive a un corazón muerto.

Que suene en los pasillos de tu mente
y se asuste esa sombra amenazante
de acuarelas y amores enfermizos:

soy quien rompiendo espejos se divierte,
soy quien conoce el verdadero siempre;
quien te ama como nunca nadie lo hizo.