Antes no lo
creía del todo, pero ahora estoy convencido: la fuerza hidráulica más poderosa
del mundo son las lágrimas de una mujer. ¿Cómo explicarte el torbellino de
sentimientos que se agolpaba en mi interior mientras veía llover tu mirada?
Bronca, tristeza, impotencia, compasión, amargura y ternura infinitas… una
amalgama de emociones que estrujaba el corazón y se resumía en un solo deseo:
abrazarte fuerte, abrazarte con cuerpo y alma. Que mis brazos fuesen tu refugio
y mi pecho tu hogar eterno. Que nunca te fueras de mi regazo, que te quedaras a
vivir en mi corazón hasta el fin de los días y más también.
Sos la musa
más terrible, la criatura más hermosa… la niña más adorable, la mujer más
valiente… la flor más frágil y la estrella más brillante que jamás haya visto
en mi vida.
Quiero
vivir para sanar tus heridas con un manantial de besos y verte sonreír como
cuando sos feliz y sabés que el universo está a tu favor. Cuando te sentís vos
misma, la auténtica vos. La que salta, corre, canta, vive y ama con la sencilla
y maravillosa alegría de quien sabe que el sol también brilla de noche. Quiero
que transmutemos juntos la tristeza y los recuerdos oscuros en música, abrazos
y días llenos de luz. Quiero acompañarte en las victorias y en las derrotas, en
la risa y en el llanto; y así permanecer a tu lado para reafirmarte una y mil
veces que sos el milagro más lindo que me dio esta vida y que siempre, sí,
siempre… te voy a amar.
I
En el
cristal del tiempo y sus reflejos
mi corazón
se quiebra en mil pedazos
y las
esquirlas mutan en retazos
de cuadros
viejos tras un vidrio sucio.
Son
instantes, segundos como espejos
que
duplican con miedo lo vivido
y,
deformando lo que hemos construido,
atraen
recuerdos de matices turbios.
¿Donde
quedó aquella caricia tierna?
¿Donde está
esa voz que creíste eterna?
Sus manos
que danzaban sobre el lienzo
hoy no son sino
garras invisibles
que te
arrancan de este mundo sensible,
dejándote
sólo un dolor inmenso.
II
Pero a esas
garras se le oponen otras…
más
inocentes aunque más salvajes,
que para
nada exentas de coraje
luchan por
devolverle tu alma al cuerpo.
A esta otra
bestia nada más le importa
que hacerte
feliz cueste lo que cueste,
que vuelvas
a creer que el cielo es celeste;
que el Amor
revive a un corazón muerto.
Que suene
en los pasillos de tu mente
y se asuste
esa sombra amenazante
de
acuarelas y amores enfermizos:
soy quien
rompiendo espejos se divierte,
soy quien
conoce el verdadero siempre;
quien te
ama como nunca nadie lo hizo.
